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Enfermera
Especialista en Nefrologia. Mag. en Ciencias de la Salud; Master
en Bioética. Profesora de la Universidad Católica Santo
Toribio de Mogrovejo. |
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UNA MIRADA AL
SER QUE CUIDAMOS
La acción de enfermería arranca de lo más
significativo y ancestral de la conciencia de la humanidad.
Desde que apareció el primer sentimiento de dolor, de
aflicción, de debilidad en la tierra, en los seres humanos
entonces apareció la profesión de enfermería. Siempre
dispuesta a poner una mano en la frente del prójimo, unida
intrínsecamente a la palabra de consuelo, así lo demuestras
las pinturas del siglo IV.
Sin embargo, enfermería no se quedo solo en consuelo, ejemplo
de ello tenemos a Flórense Nigthingale, quien al observar las formas insalubres
como eran atendidos los soldados de la guerra de Crimea, transformo estas
deficiencias otorgándoles un cuidado más humano., incluso
sistematizó la práctica del control de registros,
inventando un gráfico de área polar, a esto siguieron, reformas de los
hospitales, publicación de libros, etc. La autora afirmaba “…la
enfermería es un llamado superior, un llamado honorable... El honor radica en el
amor por la perfección, la consistencia y en el trabajo duro para conseguirla...
Este trabajo duro que habla la
autora se ha realizado a lo largo de la historicidad de la
profesión, los cambios suscitados en ella han partido de una
mirada a la persona que existe, no como una unidad más de
una serie, sino como un hombre; recuerdo perfectamente uno
de los consejos dado por una enfermera a quien
admiraba mucho
“…cuando quieras estar actualizada mira la cara de tu
paciente, allí encontrarás la respuesta de lo que te
falta,…”.
Cuando miramos a la persona
enferma, entonces nos damos cuenta, que es semejante
en todo a nosotros, por tanto, tiene que ser una mirada
atenta; una mirada en la que el alma se vacía de todo
contenido propio para recibir al ser que está mirando tal
cual es, en toda su verdad. Solo es capaz de ello quien es
capaz de cuidar. Solo es capaz de cuidar quien se olvida de
si mismo y entrega lo mejor de si al otro, que cursa
quizá con 3 gr. de hemoglobina, o llora solo o no tiene para
el pasaje para regresar a casa después de una sesión
dialítica porque el hijo mayor no le ha dado el dinero
previsto, o te pide pan porque tiene hambre o escuchas sus
quejas porque lo dejan sólo en casa.
Cuando miramos, el más
exquisito procedimiento va acompañado de la compasión por el
que sufre, cuando asumimos el quehacer diario de manera
integral por cada persona enferma, cuando evitamos el
carácter irresponsable que tiene el “hacer” por tareas;
cuando no nos conformamos con la rutina sino que
batallamos por unos cuidados bien fundamentados;
cuando nos comprometemos con una investigación seria que no
atropelle los derechos fundamentales de los enfermos; cuando
no relegamos a un último lugar al moribundo y le impartimos
unos cuidados paliativos de calidad; cuando nos
comprometemos no solo con su cuerpo sino con su alma y les
proporcionamos la ayuda espiritual que necesitan.
Enfermería es vida y si nos
comprometemos con la vida,
Enfermería, sabrá mirar que le
falta, de que carece, solo entonces, cobrará su máxima
belleza, su máximo valor. Los enfermeros
(a)
del mundo
estaremos
atentos con
la mirada puesta en el ser que cuidamos,
capaces de
comprender el corazón del hombre y sobretodo develando el
tesoro
inigualable
que encierra
la ciencia del cuidado.
Mirtha Flor Cervera Vallejos
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