Etica y Bioetica Mirtha
 

      Pagina elaborada por Mirtha Flor Cervera Vallejos 

 

               

          

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Libros de ética y bioética

  

 

 

Ley del trabajo de la  enfermera

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Mag. Mirtha Flor cervera Vallejos

Enfermera

Mis producciones

Datos personales

Enfermera Especialista en Nefrologia. Mag. en Ciencias de la Salud; Master en  Bioética. Profesora de la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo.

 

UNA MIRADA AL SER QUE CUIDAMOS

 

La acción de enfermería arranca de lo más significativo y ancestral de la conciencia de la humanidad. Desde que apareció el primer sentimiento de dolor, de aflicción, de debilidad en la tierra, en los seres humanos entonces apareció la profesión de enfermería. Siempre dispuesta a poner una mano en la frente del prójimo, unida intrínsecamente a la palabra de consuelo, así lo demuestras las pinturas del siglo IV.

 

Sin embargo, enfermería no se quedo solo en consuelo, ejemplo de ello tenemos a Flórense Nigthingale, quien al observar las formas insalubres como eran atendidos los soldados de la guerra de Crimea, transformo estas deficiencias otorgándoles  un cuidado más humano., incluso sistematizó la práctica del control de registros,  inventando un gráfico de área polar,  a esto siguieron, reformas de los hospitales, publicación de libros, etc. La  autora afirmaba “…la enfermería es un llamado superior, un llamado honorable... El honor radica en el amor por la perfección, la consistencia y en el trabajo duro para conseguirla...

 

Este trabajo duro que habla la autora se ha realizado a lo largo de la historicidad de la profesión, los cambios suscitados en ella han partido de una mirada a la persona que existe, no como una unidad más de una serie, sino como un hombre; recuerdo perfectamente uno de los consejos dado por  una enfermera a quien admiraba mucho “…cuando quieras estar actualizada mira la cara de tu paciente, allí encontrarás la respuesta de lo que te falta,…”.

 

Cuando miramos a la persona enferma, entonces nos damos cuenta,  que es semejante en todo a nosotros, por tanto,  tiene que ser una mirada atenta; una mirada en la que el alma se vacía de todo contenido propio para recibir al ser que está mirando tal cual es, en toda su verdad. Solo es capaz de ello quien es capaz de cuidar. Solo es capaz de cuidar quien se olvida de si mismo y entrega lo mejor de si al otro,  que cursa  quizá con 3 gr. de hemoglobina, o llora solo o no tiene para el pasaje para regresar a casa después de una sesión dialítica porque el hijo mayor no le ha dado el dinero previsto, o te pide pan porque tiene hambre o escuchas sus quejas porque lo dejan sólo en casa.

 

Cuando miramos,  el más exquisito procedimiento va acompañado de la compasión por el que sufre, cuando asumimos el quehacer diario de manera integral por cada persona enferma, cuando evitamos el carácter irresponsable que tiene el “hacer” por tareas; cuando no nos conformamos con  la rutina sino que batallamos  por unos cuidados bien fundamentados; cuando nos comprometemos con una investigación seria que no atropelle los derechos fundamentales de los enfermos; cuando no relegamos a un último lugar al moribundo y le impartimos unos cuidados paliativos de calidad; cuando nos comprometemos no solo con su cuerpo sino con su alma y les proporcionamos la ayuda espiritual que necesitan.

 

Enfermería es vida y si nos comprometemos con la vida,  Enfermería, sabrá mirar que le falta, de que carece, solo entonces, cobrará su máxima belleza, su máximo valor. Los enfermeros (a) del mundo estaremos  atentos con la mirada puesta en el ser que cuidamos, capaces de comprender el corazón del hombre y sobretodo develando el tesoro inigualable que encierra la ciencia del cuidado.

Mirtha Flor Cervera Vallejos

 

 

    

 

 

 

 

 

 

                     

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